Nota al lector: Me encontré con estas fotos de Los Cachorros por Facebook, del fotografo Bill Gentile, sobre la guerra civil nicaragüense en la década del 80. Deseé compartírselas con un viejo debate que tuve en su momento con mi estimado amigo Pauni Obregón. Acá sobre esa generación activa y entusiasta.

Todo período de posguerra empieza siempre con un mismo diagnóstico: empieza desde las ruinas; en Nicaragua para 1982 no fue tampoco la excepción. Se salía recién de una guerra civil para entrar nuevamente a otra, que llevó a lo largo de ocho años a una nueva generación, casi completa, con o sin voluntad propia, directamente a los altares de su desolación.
Muy poco se ha hablado sobre esta generación activa y entusiasta, como la ha llamado mi estimado amigo Pauni Obregón en un artículo que publicó, recientemente, en esta sección de opinión.
En su artículo, Obregón pregunta sobre el paradero de los miembros de esa generación, hoy con alrededor de 40 años, que en algún momento de su vida partieron --entre otras generaciones-- al campo, para apoyar con la campaña de alfabetización y regresar de él convertidos en maduros pupilos decididos a mejorar --entre otras generaciones-- el futuro de esta nación.
Es cierto, muy poco se ha hablado sobre esta generación y de su triste paradero. Y digo triste porque en realidad esa generación activa y entusiasta pocos años después, como todos sabemos, se vio cautiva en la coyuntura política y militar sin otro poder de elección que el de la causa “patriótica”, viendo de ese modo sus vidas y sus anhelos encaminarse a una misión que por término no tendría mayor gloria que la de una vil emboscada.
A esa generación, considero, se le emboscó desde un inició en sus colegios, en las esquinas de su cuadra, en buses, en viajes interlocales, en lugares de recreación y hasta dentro de sus propias casas.
A algunos, los más osados, los que no fueron carne de cañón, se les emboscó para bien y fueron mandados a Cuba y a Europa del Este para estudiar complejas carreras universitarias con utilidades a mediano y largo plazo, algunas de ellas tan difíciles de mencionar que da lo mismo decir que estudiaron: Física Melodramática, Filosofía Industrial o Mecánica Socio-agro-anti-imperialismo. Pero bueno, los más osados de los osados ni siquiera regresaron.
Poco a poco se va olvidando que esa generación emboscada que si bien hoy oscila entre los 40 años, parte de ella también murió a los 18 años y sólo regresó a casa convertida en cepa de chagüite en ataúdes sellados que recibían adoloridas madres, sin poder aspirar a calles con sus nombres, porque ya todas habían sido repartidas entre los muertos del 70.
El hecho de que la guerra afectó a toda la población ha eclipsado, en gran medida, el que se hable hoy de esa generación emboscada como una generación de sueños rotos. Considero que Franz Galich en su novela: ¡Managua Salsa City! Devórame otra vez dibujó correctamente el regreso de esa generación de cachorros, sometida y resentida con los padres de la patria que al prometerles el todo será mejor, finalmente les otorgó el derecho de regresar a casa.
¿Y qué hizo esta generación emboscada de vuelta en casa? Evidentemente se incorporó. Se incorporó a la frustración, al silencio de la ciudadanía, al neoliberalismo, al adultismo, a la desvalorización, al alcoholismo, a la violencia intrafamiliar, al desempleo y a la barbarie de un caos que sigue anhelante en la insatisfacción e incorporada en el discurso burdo y colectivo de no votar porque los políticos no me dan de comer.
Y en esa frustración de la posguerra entraron de vuelta al caos surrealista del tercer mundo, como si nunca se hubiesen ido, como si nunca hubiesen sentido ser llamados generación activa y entusiasta, y así se incorporaron a la rebusca: a las cooperativas de taxis, a la Parrales Vallejo, a los semáforos a vender parabrisas, o se quedaron en casa en chinelas de gancho esperando incómodos o cómodos el regreso de la esposa, o abrieron una pulpería, o se fueron a la iglesia evangélica de la esquina para no salir de ahí más nunca.
Recuerdo la anécdota de un amigo ex cachorro una vez que los habían mandado a patrullar norte-sur allá del Naranjo tierra adentro. Platicaba mi compañero que en el camino se encontraron con un comando de la Contra, a la que se enfrentaron, y en medio de la revuelta, que duró casi una hora, a uno de los primeros caídos del otro bando le miró un reloj Casio en la mano. Él, entonces, se reía: “!Eh!, vos crees que soy pendejo, yo sentía de viaje el zumbido de las balas, y loco pero no perezoso me fui de arrastra para quitarle el wacho al maje”.
Yo también me sonreí. Pero la anécdota marcó la pauta para entender entonces el contenido antipoético de esa guerra fría: esa generación activa y entusiasta que me precede regresó a casa y se trajo consigo un bonito reloj Casio.
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Esa generacion activa y entusiasta se vio atrapada en 16 años de gobierno que no les importaba su destino por el simple hecho de ser SANDINISTAS y no pensando en que cada Nicaraguense es parte importante de la economia y el bienestar de la Nacion.
ResponderSuprimirEsa generacion activa y entusiasta fue atrapada por unos remedos de politicos con ambiciones de quitar a un homicida y ladron con el simple hecho de hacer lo mismo esa generacio activa y entusiasta quedo en la montaña atrapado de por vida es mas sin ser recordado tan siquiera en una celebracion para ellos los 19 simplemente es una celebracion de una burda familia, esa generacion activa y entusiaste cada dia que pasa se olvida su nombre y que paso con los cuerpos sin alma que regresaron sin esa actividad y entusiasmo aun siguen siendo manipulado y sin poder volver aser lo que fueron antes de esa guerra burda y falsa que al final todo sigue en el mismo camino a repetirse no ahora mismo pero dentro de una decada talves :'( es una realidad.
ResponderSuprimirME 109 CITO
ResponderSuprimirdijo:
Esta fue la guerra de por los "caminos van los campesinos, que bien visualizo Pablo Antonio Cuadra,y dejo para el epitafio de los Nicaraguenses que nos hemos matado, y que Erick Aguirre, magistralmente retrata en su libro "Con Sangre de Hermanos.
A esa generacion se le robo su identidad,se le dio una careta para que se presentara al baile de la vida pintado en rojo y negro, mientras los de arriba celebraban con champan y caviar, se les dejo vacia el alma, con el cuerpo lleno de cicatrices que se tornaron hiedras y algunos los ahorcaron y a otros los aprisionaron por siempre en la esperanza de una luz que no se acaba de encender y que mas bien tiende a desaparecer.
No te escribo mas por que yo fui de esa generacion puente que ni era cachorro, pero que tampoco era vanguardia revolucionaria, de la generacion del silencio que detonaba la bomba de contacto, escondia armas y llevaba correo.
De los que ahora estamos en el punto equidistante de la vida, donde la sombra es luz, y el amanecer ya casi es atardecer.
Saludos Emila
Ciyu.